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Tiempos de Pánico
Destacado antropólogo efectúa reflexiones sobre el inquietante "final de los tiempos" que hoy aletea sobre la humanidad.

Fernando Fuenzalida, autoridad en materia de movimientos milenaristas.
ES muy breve el lapso que nos separa del fin de siglo y, por ende, del milenio. Proliferan las obligadas inquisiciones en torno de tan polémico tema. Una idea genera1izada es que un período como el actual acarrea una crisis de profundas consecuencias para la humanidad. Al respecto, este cronista dialogó con el Dr. Fernando Fuenzalida Vollmar, destacado antropólogo social y autor, entre otros libros de gran resonancia, de "Tierra Baldía. La crisis del consenso secular y el milenarismo en la sociedad postmoderna" (1995).
Ante nuestra interrogante -¿qué fenómenos comunes ofrecen el anterior fin de milenio y el nuestro?-, Fernando Fuenzalida procede a establecer el sentido de una serie de términos. "En Antropología, distinguimos hasta tres clases de movimientos: el milenarismo, el mesianismo y el revivalismo. El mesianismo se edifica sobre la expectativa de un Rey Universal, el retorno de un Mesías que reconstruirá el orden perdido. Son diversas las culturas que han desarrollado este concepto: el Islam, China, el Imperio Inca, los hebreos. Tanto faraones como emperadores fueron considerados, por sus súbditos, como los mensajeros finales de Dios". En cuanto al revivalismo, que puede o no vincularse al mesianismo, Fuenzalida explica que es un regreso a las fuentes originales que alimentan la vida espititual de un pueblo. "Aparece cuando rige una idea de tiempo deteriorado o decadente. La respuesta es volver a las creencias originarias. Un ejemplo contemporáneo de revivalismo lo encontramos en las sectas evangélicas, pero está presente en todos los grupos fundamentalistas".
El milenarismo, propio de una noción arcaica del tiempo, está asociado al comienzo de un ciclo de mil años de "reino directo de Dios". Según Fuenzalida, es propio del cristianismo, aunque otras religiones albergan creencias semejantes. "Basta revisar el libro de las Revelaciones o Apocalipsis para verificarlo. En él se habla de un milenio de paz después de la derrota del Anticristo. No existe aceptación oficial por parte de la jerarquía católica acerca de los hechos que narra ese libro, atribuido a San Juan Evangelista. Pero en la historia del siglo XX pueden rastrearse episodios sugestivos: Hitler, por ejemplo, estaba imbuido de ideas milenaristas. Recuérdese el Reich de Mil años. Se consideraba a sí mismo un profeta de los ultimos tiempos. Por otro lado, hace siete años se enfrentaron Estados Unidos y el ejército iraquí. Cada grupo, desde su óptica particular, consideraba al líder del otro bando como un Anticristo. Para Occidente, la guerra devino Cruzada; para los seguidores de Hussein, una Guerra Santa". El antropólogo añade que el islamismo, el judaísmo y el cristianismo tienden a combinar características de los tres movimientos.
"Antiguas tradiciones de la Alta Edad Media sostuvieron que el Reino de Dios perduraría sólo hasta el año 1000. Luego sobrevendría un milenio de tinieblas. Esta creencia fue alimentando el llamado Pánico del año 1000. Pero ocurrió que al llegar la temida cifra, Europa vivía uno de sus instantes socio-políticos más armónicos. Había un equilibrio casi perfecto entre Iglesia e Imperio. El cambio de milenio no fue, entonces, crítico.
La verdadera convulsión ocurrió en 1260, al quebrarse la unidad entre el Papa y el Emperador. Francia se erigió como reino dominante. Hubo pestes, terremotos, caos económico, sequía. Dominaba el panorama una expectativa del Juicio Final".
Nuestra época, concluye Fuenzalida, se caracteriza por la efervescencia religiosa. Se multiplican las sectas y aparecen "mesías" por doquier, con los riesgos de terrorismo químico y estado de conspiración permanente que ello implica. "Es, sin duda, el Pánico del año 2000. De algún modo, la Iglesia Católica intenta hoy una interpretación alternativa del fin de milenio y del Juicio Universal. El Jubileo de Jubileos que se celebrará, dentro de dos años -es decir, el comienzo del tercer milenio de la Iglesia- se sustenta en el criterio de reconciliación ecuménica, y no de catástrofe, a contracorriente del sentir colectivo. Paradójicamente, el desbocamiento tecnológico coloca a la humanidad en una situación de riesgo nunca antes imaginada". (José Güich Rodríguez).
Caretas, Lima 16 de Abril, 1998 - N° 1512


Responde Fernando Fuenzalida Vollmar a la pregunta:

¿Cuál es a su juicio el acontecimiento o fenómeno histórico social que ha marcado el siglo XX peruano?

Los acontecimientos no me caen simpáticos. Son pretenciosos, egocéntricos, frívolos y televisivos. Como todas las modas de momento. Invaden nuestro foco de atención. Aspiran a tener significado en sí mismos. Y a la larga acaban por ser insignificantes. Igual que las modas. Prefiero ver la historia como una gradual revelación hecha de situaciones y sucesos que despliegan e iluminan recíprocamente sus significados. Como en el teatro. Tramas dramáticas, trágicas o cómicas ---a veces, también, melodramáticas y a veces tragicómicas--- en las que se oculta simetrías que se nos desafía a descubrir. Y como en el teatro, exposición, nudo y desenlace.

Exposición: 1900, Manuel Gonzáles Prada, Discurso del Politeama, Impresiones de un Reservista, Horas de Lucha. La Unión Nacional y su llamado angustioso a la conciencia patria: Antúnez, Barco, Bustamante, Carrión, Castañeda, Garrido, Gálvez, Maurtua, Osores, Químper, Rey de Castro, Salazar, Secada, Ugarte, Velazco y tantos más. El despertar patriótico después del largo sueño y la derrota. El latifundio improductivo y la parásita burguesía exportadora en el banquillo. El ingrediente tragicómico: la anécdota de nuestra clase política limeña desertora ante el avance chileno en Miraflores. Una llaga sangrante hasta ahora. Creo que este despertar se prolonga y hace efervescencia y nueva conciencia de patria hasta los años revoltosos del Apra y la UR. Define los marcos del tablero en que se desenvolverá nuestra historia en el siglo.

Luego del breve interludio guerrillero de Mesa Pelada, creo que debemos colocar el nudo y clímax de esta trama entre los años del 1963-1975. La predicación dio fruto desde el primer gobierno de Fernando Belaunde. El Perú se puso en pie pueblo por pueblo. Fueron años de desarrollo y Cepal. Y luego vinieron los años de Velasco Alvarado, con Cinamos, Túpac Amaru y el Plan Inca, la Reforma Agraria, las nacionalizaciones, industrialización e identidad. Un aparente adios a "los dueños del Perú" y a la oligarquía tan odiada por Gonzales Prada.

El anticlímax entre el 85 y el 90. El Apra llegando al poder y el ratón que parieron los montes. El Fondo desalentó nuestra voluntad de cambio. Melodrama: Gonzáles Prada se iba entre balconazos y corridos rancheros mientras hacia su ascenso una nueva plutocracia oligárquica. Burlando la voluntad de cambiar, la desterraron al Ande. El desenlace al final: el cerco de Lima por el senderismo y el campo y la guerra civil en la puerta de Palacio de Gobierno. Tragedia: ¿Cuántos muertos ha dejado esa guerra?. Lo peor es que resultó tan esteril como la de cien años atrás. En Miraflores, a poco de cumplido ese siglo, la clase política repetía la escena: por sus actos se confesó desertora.

Epílogo que hubiera querido ser prólogo: la pacificación y vuelta al 1900 ---una anticipación tal vez del ahora ya famoso Y2K, bug del milenio. La muerte de las ideologías y de los partidos también. La extinción de una nueva clase polìtica en la conciencia del pueblo. Por segunda vez en la historia de la República Peruana, los acreedores embargan nuestra economía y recursos y el país va a la quiebra. Coca y oro: oro amarillo, oro blanco, monoexportación como en tiempos del guano. Emerge una generación de contables sin empleo, sin derecho laboral o social y que niega esperanza y futuro. A la de "los viejos a la tumba y los jóvenes a la obra" y al "¿cuando se jodió el Perú" ha terminado por suceder una nueva muletilla en la boca de nuestros aspirantes a empresarios, el "no hay nada que hacer".

El milenio se inaugura con una campaña electoral sin propuestas ni programas. Un escolar me comentaba con sorna unos días atrás: "¿para que necesitan nuestros candidatos presentar sus programas?. Acaso no basta con un buen peinado a la moda cuando se aparece en TV ?". A los viejos nos queda esperar que, como la historia peruana se repite y es cíclica, terminen por repetirse también los tiempos del Politeama y la Unión.



Más allá de la muerte
Karma y reencarnación son dos palabras que, en algún momento de nuestra vida, provocaron un signo de interrogación en nuestras mentes. Difícil conceptualizarlas y más aún comprenderlas. Aquí damos algunas vueltas al asunto.

Según el antropólogo Fernando Fuenzalida Vollmar, la manera más clara para que un occidental comprenda lo que es el karma es refiriéndose al principio de causalidad. Este principio, sin embargo, suele ser entendido por el mundo moderno de una manera lineal, identificando para un solo efecto una sola causa, a diferencia de la visión oriental -particularmente la hindú y la budista-, que considera la operación de una causalidad reticular o múltiple detrás de todo acontecer. "Las investigaciones empíricas y matemáticas de las últimas décadas nos han demostrado que el universo causal es efectivamente un entramado reticular, probablemente multidimensional, en el que todo está conectado y actúa sobre todo, de manera tal que una acción cualquiera en un punto cualquiera de la trama tiene efectos que tienden a multiplicarse obrando sobre el conjunto todo, convirtiéndose así en un factor que por ínfimo que pueda parecer adquiere a la larga la capacidad de producir grandes efectos", explica Fuenzalida, refiriéndose a la lectura oriental.
La Teoría del Caos, hoy en boga entre nuestros Matemáticos avanzados, lo asocia con lo que se llama ahora "el efecto mariposa". La idea es que el aleteo de una mariposa en China puede llegar a provocar un huracán en Nueva York.El karma expresa esta relación entre todas las causas y todos los efectos, que en el campo psicológico y espiritual se aplica a toda acción humana, cuyas consecuencias múltiples se prolongan infinitamente en la trama universal. Esto es: cada acción que uno realiza afecta no sólo la vida de uno mismo sino la de todos los seres que existen, y en último término, los efectos de la propia acción terminan por rebotar sobre uno mismo como si hubiésemos lanzado un 'boomerang'. "La Biblia expresa una idea semejante cuando dice: "Echa tu pan al agua, porque no sabes cuándo la corriente te lo traerá de vuelta"", acota el estudioso. La ley del karma hace que los seres humanos nos encontremos prisioneros dentro de esta red de interacciones en forma permanente.
Esta prisión es un verdadero laberinto que se constituye no sólo por las consecuencias de nuestras acciones propias sino también por las de las ajenas y se extiende de modo infinito creando la ilusión del existir en el tiempo y el espacio. El objetivo del budista, del induísta y de místicos de diversas religiones es liberarse de esta situación en la que se implica necesariamente la experiencia del dolor y que se prolonga no sólo en esta vida, sino en muchas otras.

- CATHERINE CONTRERAS
El Comercio, Lima 25 de Noviembre de 2002

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